lunes 2 de noviembre de 2009

Un hombre se pinchó en el dedo y olió pútrido durante 5 años

En esta entrada, rescatamos del olvido el asombroso caso que se alzó con el premio Ig-Nóbel de Medicina en 1998, y que no ha sido lo suficientemente comentado en la blogosfera española hasta el momento. El incidente catapultó a la fama, de forma involuntaria, a 4 facultativos del Hospital Royal Gwent de Cardiff, que investigaron el extraño padecimiento de un hombre de 29 años, que un mal día se pinchó un dedo con un hueso de pollo, mientras desarrollaba sus quehaceres en un gallinero de su propiedad, y que como consecuencia de dicho accidente, olió pútrido durante 5 años.

Afortunadamente, los dermatólogos a los que acudió eran excelentes, y si bien no pudieron ayudarle, al menos sí documentaron el caso con precisión durante un lustro, haciéndose merecedores del citado Ig-Nóbel por su concienzuda observación.

Como decimos, el caso arranca con un accidente aparentemente inocente, que poco a poco se va complicando, como casi siempre pasa en la vida. Durante los días sucesivos al pinchazo, la mano entera comenzó a hincharse de forma progresiva, y lo que es peor, comenzó a oler de una forma muy extraña. El hombre acudió al hospital alarmado, y tras varias pruebas, se le diagnosticó una infección de la piel, que probablemente curaría rápido con unos días de antibióticos. Sin embargo, no fue así, el olor se hizo cada vez más fuerte y pútrido, emanando de la extremidad afectada, pudiéndose percibir sin problemas en una dependencia amplia. En una habitación más pequeña que estuviera cerrada, el aroma se hacía intolerable.

Tras 5 años, no consta que nadie se planteara una amputación. De hecho, el aspecto físico de la mano era casi normal. Para tratar de mejorar el problema se le pautaron múltiples tratamientos antibióticos. Sin embargo, los síntomas nunca mejoraron. Los médicos tomaron múltiples cultivos de la herida, en el que se aislaron de forma persistente tres especies de microorganismos, uno era un Clostridium novyi tipo-B, y los otros eran otras dos especies de clostridios (C. cochlearium y C. malenominatum). Por algún extraño motivo, los antibióticos nunca pudieron erradicar esta infección.

Ante el fracaso reiterado de los antibióticos, los médicos probaron una larga retahíla de tratamientos alternativos que se extendieron a lo largo de varios años. Pero ninguno tuvo el más mínimo éxito y el cuadro no mejoró. El hombre no tenía ninguna enfermedad subyacente, como una inmunosupresión, que explicara la persistencia de la infección microbiana, y su aparente comportamiento indolente, salvo por la extrema fetidez de la misma.

La causa del dolor se achacó a la producción microbiana de varios ácidos grasos (como ácido acético, butírico, etc). Aunque la inmunidad del paciente era normal, sus médicos especularon sobre la posibilidad de un punto ciego en esa zona concreta de la piel donde se pinchó años atrás. Los síntomas se mantuvieron durante al menos 5 años, causando un gran impacto social y psicológico en el pobre señor.

Parece que cuando el caso fue comunicado, el insoportable olor todavía se mantenía. Desconocemos si el paciente finalmente se ha curado, si alguien lo sabe, ruego que lo comunique.

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