Después de una década negando el cambio climático, algunos comienzan a ser víctimas de su propia propaganda. En el mundo al revés, en 2009, las falsedades han adquirido vida propia. Por eso es interesante leer el reciente artículo de "The New York Times", que nos hace volver atrás, al tiempo en que se afilaban los sables, y uno todavía era consciente de la mentira que se estaba lanzando a la sociedad. Al principio de toda esta locura, la industria decidió ignorar las conclusiones de sus propios científicos, con respecto a la relación entre los gases de efecto invernadero, y el calentamiento de finales del siglo XX. Ahora siguen haciendo lo mismo, pero se ha creado tanta literatura que algunos han comenzado a creerse lo que dicen.El artículo de "The New York Times" se fundamenta en un documento interno de la "Global Climate Coalition", uno de los grupos de presión que se opusieron con más agresividad a cualquier regulación sobre emisiones de gases de efecto invernadero. El informe ha salido a la luz durante un litigio reciente en el que está implicada la industria del automóvil, es decir, por obligación, y no por interés del lobby de informar a la sociedad.
Salvando las distancias, esto me recuerda mucho al caso de Jeffrey Wigand, el científico de la industria tabacalera, recreado en la película "El dilema", que denunció públicamente cómo se manipulaba el contenido de nicotina de los cigarrillos, para hacerlos más adictivos, con el objetivo de que no cayeran las ventas, aunque ello implicara mentir a la opinión pública y poner en riesgo la salud de los fumadores.
De la misma forma, mientras que la coalición divulgaba a los cuatro vientos que el CO2 no tenía nada que ver con el cambio climático, sus propios científicos reconocían en un documento interno todo lo contrario:
"Los fundamentos científicos del efecto invernadero y el impacto potencial de las emisiones humanas de gases de efecto invernadero, tales como el CO2, está bien establecido y no puede ser negado".
En definitiva, el documento reconocía que los argumentos que se estaban utilizando para negar el cambio climático eran absurdos y poco convincentes. Por el contrario, los autores del documento decían que la evidencia sobre el calentamiento global antropogénico estaba clara.
Afirma mi amigo Salvador García, que del artículo de "The New York Times" se pueden extraer varias conclusiones. El olvido consciente de la verdad puede ser una de ellas. A los negacionistas no les interesó tener razón, sino armar jaleo para confundir a la opinión pública. La estrategia consistió en sembrar dudas sobre el consenso científico, que por cierto, salvo en detalles menores, no se discute en medios científicos, sino en blogs de opinión, páginas de grupos de presión, diarios generales, etc. En definitiva, la misma estrategia de negación del tabaco, de la capa de ozono, etc.
Cuando el documento interno se silenció el país negociaba el protocolo de Kyoto. A pesar de que en aquella época ya estaba claro lo que estaba pasando, y de que ellos disponían de información científica relevante para la opinión pública, finalmente la censuraron, y el documento nunca fue publicado.
Aunque la "Global Climate Coalition" ya no existe, sus sucesores son la National Association of Manufacturers y la American Petroleum Institute, que han continuado con la misma estrategia de obstrucción al criterio científico.
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