
Los negacionistas del cambio climático llevan tiempo tratando de intoxicar sobre los datos del calentamiento antártico. Esta gente casi nunca realiza ni financia estudios de campo. No pasan frío en la Antártida, ni mandan satélites al espacio, ni suben al Kilimanjaro a medir temperaturas ellos mismos. Se dedican a manipular desde su sofá los datos de otros que sí lo han hecho. Es muy importante que lean la parte de metodología de los panfletos. Estos no suelen contener datos originales, sino "refritos" de estudios diversos de los que extraen fragmentos de información descontextualizada.
El caso del calentamiento de la Antártida es un ejemplo de la estrategia de sacar la información de su contexto para fabricar una versión falsa de la misma. En 2001, Peter Doran, un climatólogo de la Universidad de Illinois publicó un artículo sobre la evolución de la temperatura en un paraje concreto de la Antártida llamado "McMurdo Dry Valleys". En ese artículo se discutía la evolución de la temperatura de este lugar durante unos veinte años, la mitad del periodo de observación del artículo de Steig et at. La noticia sobre el enfriamiento de un trozo de la Antártida se convirtió en muy poco tiempo en el argumento principal de los negacionistas del cambio climático. El argumento en sí era falso porque las medidas locales no tienen por qué representar las tendencias globales. En lugares concretos podían estar operando variables locales que no tuviesen nada que ver con los patrones climáticos del planeta. De hecho, poco tiempo después se publicaron varios estudios que demostraron estos mecanismos locales eran reales (Thompson et al. Science 2002). Sin embargo, en aquella época los datos todavía eran poco maduros, y ello fue tomado como un pseudoargumento para negar el cambio climático que estaba ocurriendo a nivel general. De hecho, mostrar datos locales en el tiempo y en el espacio es la táctica principal de los propagandistas.
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